Las personas y el estrés

Los desastres, las emergencias sanitarias y las enfermedades graves son, por definición, perturbadores y frecuentemente inesperados.

Súbitamente, el mundo se viene abajo y la manera en que habitualmente se enfrentaban los problemas puede no ser ya válida. La mayoría de las personas reaccionan ante las amenazas y desafíos percibidos en el entorno con estrés: un estado de excitación física o psicológica.

Cuando el nivel de estrés no es excesivamente alto, nuestro rendimiento aumenta, pero, sobrepasando un determinado nivel, llegamos a un punto de excitación física y psicológica tal que el estrés desborda y se puede afrontar con efectividad la situación crítica.

¿Qué es una crisis?

Una crisis es un estado temporal de trastorno y desorganización en una persona.

Se caracteriza, principalmente, por la incapacidad para enfrentar una situación, para resolver problemas.

Podemos mencionar los siguientes aspectos importantes que contemplamos al definir una crisis:

  • Se produce un suceso precipitante, es decir, un acontecimiento que causa la crisis.
  • Es una situación normalmente imprevista.
  • Se pierde el equilibrio emocional en la forma acostumbrada de sentir y de expresar lo que se siente.
  • Causa sufrimiento: dolor, tristeza, miedo, inseguridad, enojo, rabia, impotencia…
  • Genera cambios: la crisis puede ser un peligro  y desembocar en enfermedad, pero también puede ser una oportunidad para crecer y aprender.
  • Es temporal: después de un tiempo se recupera nuevamente el equilibrio.
  • Las formas habituales con las que la persona resuelve sus problemas no funcionan en esta situación.

No sólo situaciones desagradables generan crisis (por ejemplo, muerte de un ser querido, una enfermedad, desastres naturales, guerra…), sino que también hechos agradables y hasta deseables (por ejemplo, el matrimonio o el nacimiento de un hijo o una hija pueden provocar una crisis, ya que implican cambios para los cuales quizá no estamos suficientemente preparados o creemos que no lo estamos). Así, no todas las crisis son indeseables, algunas son necesarias para el desarrollo del ser humano.

Las reacciones ante la crisis pueden diferir y, obviamente, dependen de la gravedad del evento y del tipo de situación. Las reacciones del estrés pueden presentarse a nivel físico (qué sentimos y cómo reacciona nuestro organismo), cognitivo (cómo percibimos y qué “pensamos” acerca de los eventos) y de comportamiento (qué hacemos y cómo actuamos).

Algunos factores personales pueden hacer que, ante un mismo hecho crítico, las reacciones sean más extremas o se intensifique su curso. Estos factores son:

  • Disponer de escasas habilidades sociales.
  • No saber decir no a determinadas tareas.
  • Dificultad en la relación con los demás (usuarios, compañeros o responsables).
  • El perfeccionismo.
  • Fijar demasiado altas las expectativas en las intervenciones.
  • Idealizar la ayuda que prestamos a los colectivos vulnerables.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Malas experiencias anteriores.
  • Acumulación de problemas personales no resueltos.
  • No valorar suficientemente los logros realizados, etc.

Además, un factor muy importante por su poder de amortiguar positivamente las reacciones de estrés es la conciencia de poseer una red social de apoyo: familia, amigos, compañeros y equipo de trabajo, que, en caso de necesidad, nos pueden echar una mano.

 

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